Quién es
Paramahansa Yogananda nació en Gorakhpur, en la India, el 5 de Enero de 1893. Su infancia fue extraordinaria, e indicaba claramente que su vida había sido escogida para un destino divino. Su madre reconoció este hecho y alentó sus nobles ideales y sus aspiraciones espirituales. Tenía solamente once años cuando falleció su madre, a quien amaba sobre todas las cosas, y esta pérdida fortaleció su íntima resolución de encontrar a Dios y recibir del Creador mismo las respuestas que anhela todo corazón humano.
Se convirtió entonces en discípulo del gran Guianavatar (encarnación de la sabiduría) Swami Sri Yukteswar Giri. Sri Yukteswar pertenecía a una sucesión de excelsos gurús, con la cual Yoganandaji había estado ligado desde su nacimiento: los padres de Sri Yogananda eran discípulos de Lahiri Mahasaya, gurú de Sri Yukteswar.
Lahiri Mahasaya era discípulo de Mahavatar Babaji, el maestro inmortal que resucitó en esta era la antigua ciencia de Kriya Yoga. Ensalzada por Krishna en el Bhagavad Guita y por Patánjali en los Yoga Sutras, Kriya Yoga es tanto una técnica trascendente de meditación como un arte de vivir que lleva a la unión del alma con Dios. Mahavatar Babaji reveló la sagrada ciencia de Kriya a Lahiri Mahasaya, que se la trasmitió a Sri Yukteswar, quien a su vez se la enseño a Paramahansa Yogananda.
Cuando, en 1920, se consideró que Paramahansa Yogananda estaba preparado para comenzar su misión mundial de diseminar la liberadora ciencia del Yoga, Mahavatar Babaji le indicó cual sería su responsabilidad divina: «Tú eres el que he escogido para difundir el mensaje de Kriya Yoga en Occidente. Hace mucho tiempo me encontré con tu gurú, Yukteswar, en una Kumbha Mela; en aquella ocasión le dije que te enviaría para que él te instruyese. Kriya Yoga, la técnica científica para alcanzar la unión con Dios, terminará por difundirse en todos los países, y promoverá la armonía entre las naciones a través de la experiencia personal y trascendental que el hombre tendrá del Padre Infinito».
Yogananda comenzó su misión en Estados Unidos como delegado del Congreso Internacional de Religiones Liberales que se celebró en Boston en 1920. Por más de una década, viajó a lo largo y ancho de Estados Unidos, dando conferencias casi a diario ante públicos que repletaban los auditorios en todas las principales ciudades del país. El 28 de enero de 1925, el diario Los Angeles Times informaba: «El Philarmonic Auditorium muestra el extraordinario espectáculo de miles de personas [...] que, una hora antes del comienzo de la conferencia anunciada, han sido informadas de que no podrán entrar, pues la sala con 3.000 asientos ya se encuentra repleta. La atracción es el Swami Yogananda: un hindú que invade Estados Unidos para traer a Dios [...] predicando la esencia de la doctrina cristiana».
No dejó de ser una importante revelación para Occidente saber que el Yoga —explicado tan elocuentemente e interpretado con tanta claridad por Sri Yogananda— es una ciencia universal y que, como tal, es en realidad la «esencia» de todas las religiones verdaderas.
En 1925, Paramahansa Yogananda fundó en Los Ángeles la sede internacional de Self-Realization Fellowship, la sociedad que él había establecido en la India, en 1917, denominada Yogoda Satsanga Society of India.
A fines de la década de los años 30, Paramahansaji comenzó a reducir gradualmente el número de sus conferencias públicas en el ámbito nacional. «No estoy interesado en las multitudes —decía—, sino en las almas que desean sinceramente conocer a Dios». De allí en adelante, concentró sus esfuerzos en las clases para estudiantes realmente interesados, y dio la mayor parte de sus conferencias en los templos de Self-Realization Fellowship y en la sede internacional de su organización.
Las conferencias y clases que dio se transcribieron y, bajo su dirección, se recopilaron para constituir las Lecciones de Self-Realization Fellowship. Dedicó también largo tiempo a escribir diversas obras, entre ellas Autobiografía de un yogui, mediante las cuales numerosas almas se han familiarizado con las infinitas posibilidades que ofrece el Yoga.
La narración de la vida de Paramahansa Yogananda, no sólo es un fascinante retrato de este amado maestro mundial, sino también una exposición profunda de la milenaria ciencia y filosofía del Yoga, proveniente de la India, así como de su tradición inmemorial de la práctica de la meditación. Desde su publicación en 1946, constituye un bestseller permanente, ha sido traducida a más de veinte idiomas y se emplea como libro de texto y de consulta en un gran número de universidades. Considerada como una obra clásica del género espiritual moderno, ha cautivado intensamente los corazones de millones de lectores en el mundo entero.
Con ocasión del trigésimo aniversario de la fundación de Self-Realization Fellowship en América en 1950, se construyó en el «Santuario del Lago» un monumento a la paz mundial, dedicado a la memoria de Mahatma Gandhi. Una porción de las cenizas del Mahatma, enviada desde la India, fue depositada como reliquia en un milenario sarcófago de piedra instalado en el lugar.
Dirigiéndose a los asistentes durante la ceremonia de inauguración, Sri Yogananda dijo: «Debemos reconocer la unidad esencial del género humano, recordando que todos estamos hechos a la imagen de Dios. Debe existir la hermandad mundial si aspiramos a practicar el verdadero arte de vivir. Este santuario ha sido concebido para todas las religiones, a fin de que todos los hombres puedan sentirse unidos por una fe común».
«Aquellos que han venido a Self-Realization Fellowship buscando sinceramente ayuda espiritual, la recibirán de Dios. Bien sea que vengan ahora, mientras todavía estoy en este cuerpo, o después, cuando ya lo haya abandonado, el poder de Dios fluirá igualmente hacia los devotos, a través de la sucesión de gurús de SRF, y será la causa de su salvación» —Paramahansa Yogananda
Paramahansa Yogananda había predicho a menudo: «No moriré en un lecho, sino con las botas puestas, hablando de Dios y de la India». El 7 de marzo de 1952 se cumplió su profecía. Paramahansaji era uno de los conferenciantes invitados en un banquete que se celebraba en honor del Embajador de la India, B.R. Sen. Tras pronunciar un discurso conmovedor, concluyó su intervención citando palabras de un poema que había escrito, titulado «Mi India»: «Allí donde el Ganges, los bosques, las cuevas del Himalaya y los hombres sueñan con Dios, santificado estoy: ¡mi cuerpo ha tocado ese suelo!». Luego, dirigió su mirada hacia arriba y entró en mahasamadhi, el abandono del cuerpo –en el momento de la muerte física– realizado en forma voluntaria y consciente por un Maestro Iluminado. Murió como había vivido, exhortando a todos a conocer a Dios.
Cuando me haya ido sólo el amor podrá reemplazarme. Deben embriagarse con el amor divino, de modo que sólo experimenten la presencia de Dios; luego, brinden ese amor a todo el mundo». —Paramahansa Yogananda
Sri Yukteswar se había referido a su discípulo Paramahansa Yogananda como una encarnación del amor divino. Después de que Paramahansaji abandonara su cuerpo, su principal discípulo y sucesor espiritual, Rajarsi Janakanada (James J. Lynn), le confirió formalmente el título de Premavatar o Encarnación Del Amor.
El 7 de marzo de 1977, al celebrarse el vigesimoquinto aniversario del fallecimiento de Paramahansa Yogananda, el gobierno de la India emitió un sello postal conmemorativo en su honor. Al anunciar este acontecimiento, el gobierno le rindió homenaje en un folleto descriptivo que contenía un sobre con el sello postal y el matasellos con la fecha correspondiente al primer día de emisión. Pasaje del discurso:
«El ideal de amar a Dios y servir a la humanidad se manifestó en su plenitud en la vida de Paramahansa Yogananda... Su meta fue sólo una: la unión con Dios, y su único plan fue el unir a Oriente y Occidente mediante los lazos de la comprensión espiritual... Aun cuando la mayor parte de su existencia transcurrió fuera de la India, podemos contar a Paramahansa Yogananda entre nuestros grandes santos. Su obra continúa prosperando y refulgiendo cada vez más, atrayendo a la senda espiritual a personas de todas las latitudes».